viernes, 10 de enero de 2014

Poemas para no dormir (II) - La bestia

Cuentan que sus ojos,
como murciélagos al borde de un tornado de nervios,
transforman la tierra en fuego.

Cuentan que su boca,
como sombra cautiva en la vileza de la Luna,
devuelve la muerte a las sonrisas.

Cuentan que su pelaje,
como agujas en los miedos de aquel joven trapecista,
acaricia con frialdad los lunares del cielo.

Cuentan que sus garras,
como labios agrietados que engañan al capricho,
describen un cuervo en la suciedad de un espejo.

Cuentan que su sangre,
como veneno camuflado en la copa del más fuerte,
convierte los órganos en hielo bajo el silencio del delirio.

Cuentan que su espíritu,
reflejado en el nombre de una esfera de cadáveres,
respira en cada huella de tu fracaso.



jueves, 12 de septiembre de 2013

Latidos de un viajero (poema IX) - Corpus delicti

La carne de tus labios es fruto de una flor de calaveras,
lombrices de colores que engañan a mi pupila;
y aun así sonríes en esta fría avenida.

Los rizos de tu cabello son garras que asfixian
un reloj estrechado por los ojos de la luna;
y aun así sonríes secuestrando la idea de mi cuna.

La sombra de tu cuerpo es un ángel depravado
en el cual descanso bajo nubes que amenazan con sus rayos;
y aun así sonríes aspirando al tesoro de mi altura.

¡Sonríe! ¡Sonríe mientras mis dientes choquen!
Pues serás musa entre la sangre de un cuaderno de serpientes.

¡Pero no! ¡No llores! ¡Sigue sonriendo!
Pues es fortuna para mi vientre
yacer perturbado entre los senos de tu muerte.